El líder del PRI “Alito” Moreno lanza duros calificativos tras quedar como vecino del excoordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández
La reubicación de Adán Augusto López Hernández en el Senado de la República, tras su renuncia como coordinador de la bancada de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), detonó un nuevo episodio de confrontación política.
El exsecretario de Gobernación fue asignado a una oficina estándar en el quinto piso del Hemiciclo, compartiendo pasillo con la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), encabezada por Alejandro “Alito” Moreno.
La cercanía física no fue bien recibida por el dirigente priista, quien reaccionó con severas críticas.
Moreno se refirió públicamente a López como “el apestado de vecino” y cuestionó por qué se le había asignado un espacio junto a su bancada. En un tono aún más agresivo, afirmó que “si en Morena ya no quieren al narcosenador que los coordinaba, ese es su problema”, deslindándose por completo de cualquier relación política con el exlíder morenista.
A través de redes sociales, el dirigente del PRI endureció su mensaje al sentenciar que en su área “no hay espacio para ningún aliado del crimen organizado ni se barre la basura debajo del tapete”, declaraciones que rápidamente generaron reacciones y avivaron la polarización entre ambas fuerzas políticas.
El cambio de oficina se dio luego de que Adán Augusto López dejara, el pasado 1 de febrero, la coordinación de Morena y la presidencia de la Jucopo para enfocarse en labores territoriales del partido rumbo a las elecciones intermedias de 2027.
De acuerdo con versiones internas, la oficina que ahora ocupa pertenecía anteriormente a la senadora Cynthia López Castro, quien recientemente abandonó el PRI para sumarse a las filas de Morena, un antecedente que añade tensión simbólica al episodio.
Voceros de Morena han señalado que la asignación del espacio es de carácter provisional y forma parte de un ajuste administrativo dentro de la Cámara Alta.
No obstante, el episodio revela que, más allá de los cambios logísticos, las fricciones políticas continúan marcando la dinámica interna del Senado, donde incluso la distribución de oficinas se convierte en un nuevo campo de batalla discursiva.



































































