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viernes, febrero 20, 2026
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El nacionalismo: un arma de doble filo

México se une frente al exterior, pero se divide desde dentro; el verdadero nacionalismo comienza en casa.

Por: Bryan R.

Es frecuente ver que, ante declaraciones hostiles del país vecino o de extranjeros con opiniones no gratas, los mexicanos nos volvemos uno solo. Como soldados al pie del cañón, cerramos filas listos para defender la soberanía de nuestro “México lindo y querido”, eliminando de golpe toda diferencia interna. En esos momentos de amenaza, no hay colores, no hay partidos ni clases sociales; solo hay México.

Sin embargo, este nacionalismo reactivo es un arma de doble filo. Es una armadura que nos ponemos para mostrarnos fuertes ante el mundo, pero que nos quitamos irresponsablemente en el día a día. La tragedia de nuestra identidad contemporánea es esa: somos extraordinarios para defendernos de “los de fuera”, pero implacables para atacarnos entre “los de adentro”.

En la cotidianidad, esa solidaridad se desmorona. Nos convertimos en nuestros propios verdugos a través del clasismo, la polarización política y la intolerancia digital. Celebramos el fracaso del vecino como un triunfo propio y convertimos el debate público en un campo de batalla donde el objetivo no es construir, sino destruir al que piensa distinto.

¿Qué mensaje estamos enviando? Estamos enseñando que la unidad es solo una herramienta de emergencia, no una forma de vida. Estamos heredando un país que sabe gritar “¡Viva México!” en septiembre, pero que guarda silencio el resto del año ante la injusticia, la corrupción y la violencia.

Pero lo más alarmante es ver cómo esta división ya permea en las nuevas generaciones: niñas y niños peleando entre sí, viendo al otro como un enemigo a muerte. Y lo peor: siendo aplaudidos por sus padres bajo la vieja y triste consigna de “que lloren en su casa, a que lloren en la mía”.

Por eso, es urgente avanzar hacia un nuevo nacionalismo. Uno donde la soberanía se defienda en las fronteras, pero la paz se construya en lo local. La propuesta es clara: firmar un pacto de paz interno.

Dejemos de medir el amor a la patria por cuánto odiamos al extraño y empecemos a medirlo por cuánto ayudamos al propio. El verdadero nacionalismo no es el que se indigna por un tuit extranjero, sino el que se ocupa de que todas y todos tengan oportunidades. México no necesita más defensores de ocasión; necesita constructores de tiempo completo.

—CAPG—