“A nivel global, ONU Mujeres señala que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual. Pero antes del golpe muchas veces estuvo la palabra que descalifica. Antes del empujón, el aislamiento. Antes del miedo físico, el miedo emocional…”
Por: Kathya Moreno.
El 8 de marzo no es solo una fecha para hablar de derechos laborales o representación política —aunque eso también importa—. Es una oportunidad para mirarnos con compasión. Para preguntarnos: ¿cómo me estoy tratando a mí misma? ¿Estoy normalizando algo que me lastima?
Si alguna vez sentiste que estabas perdiendo tu voz, quiero recordarte que sigue ahí. Tal vez susurrando. Tal vez temblando. Pero sigue ahí.
En México, la INEGI reporta que más del 70% de las mujeres han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Más de la mitad ha experimentado violencia psicológica en sus relaciones. Cuando leemos esos números pueden parecer fríos, lejanos. Pero detrás de cada porcentaje hay una historia que podría parecerse a la tuya o a la de alguien que amas.
La violencia psicológica no siempre llega gritando. A veces llega en forma de comentarios pequeños pero repetidos: “Estás loca”; “Siempre exageras”; “Nadie te va a querer como yo.”
Y sin darte cuenta, empiezas a cuestionarte. Empiezas a dudar de tu memoria, de tu percepción, de tu valor. Empiezas a pedir perdón por sentir.
No se ve en fotografías, pero se siente en el cuerpo: ansiedad constante, dificultad para dormir, una tristeza que no sabes explicar. Es vivir con una alerta interna encendida todo el tiempo. Es sentir que algo no está bien, pero no saber si tienes derecho a nombrarlo.
A nivel global, ONU Mujeres señala que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual. Pero antes del golpe muchas veces estuvo la palabra que descalifica. Antes del empujón, el aislamiento. Antes del miedo físico, el miedo emocional.
Y aquí quiero decirte algo con claridad: si algo te dolió, no fue insignificante. Si te hizo sentir pequeña, no fue amor. Si te hizo dudar de tu valor, no fue tu culpa.
Muchas crecimos escuchando que debíamos ser pacientes, comprensivas, tolerantes. Que las mujeres “fuertes” aguantan. Que las “buenas” no hacen escándalo. Pero la fortaleza no está en resistir el daño; está en reconocerlo y decidir que mereces algo distinto.
Buscar ayuda psicológica no es un signo de debilidad. Poner límites no es egoísmo. Decir “esto no me hace bien” es un acto de valentía silenciosa. Y cada vez que una mujer recupera su autoestima, se rompe un ciclo que pudo haber continuado por generaciones.
Hoy, más que estadísticas, quiero dejarte una certeza: no estás sola. Lo que sientes tiene sentido. Tu intuición merece ser escuchada. Tu bienestar importa.
Que este 8 de marzo no sea solo una fecha en el calendario, sino un recordatorio íntimo de que mereces relaciones sanas, palabras respetuosas y un amor que no te haga dudar de quién eres.
Porque ninguna mujer debería tener que hacerse pequeña para ser querida.
Construyamos juntos una mejor versión de ti. @proyecto_be


































































