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viernes, octubre 16, 2026
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La Mayoría de los mexicanos sin un trabajo digno

“El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en Economía política»

Muchos son los males que trae consigo el sistema social capitalista, entre ellos, el mayor y causa de todos los demás: la mala distribución de la riqueza. Y en los países capitalistas subdesarrollados, como México, víctimas de colonialismo y despojo, dichos males son mayores y se acentúan. Después de que el imperialismo no vio ya rival enfrente para extraer hasta las últimas gotas de riqueza, obligó a las naciones subordinadas a ir eliminando todo estado de bienestar social, quitando o arrebatando a los trabajadores derechos y conquistas sociales y laborales. Así, en los hechos se han dejado sólo en el papel los derechos elementales para una vida decorosa de cualquier ser humano: vivienda, salud, servicios básicos, educación, alimentación, cultura y recreación; y también el derecho al trabajo.

En una de sus obras señala el gran Federico Engels: “El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en Economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”. Pero en las sociedades divididas en clases antagónicas, los dueños de los medios de producción y de la fuerza de trabajo han hecho del trabajo el medio de esclavización del hombre, de la ganancia y de su enajenación, pero también lo han convertido en el mecanismo de competencia entre los propios trabajadores y, su falta de acceso, en la miseria más decadente de la condición humana.

El capitalismo, desde su nacimiento, se encargó de generar una masa de trabajadores desempleados que siempre estuviera presionando por una plaza laboral y contribuyendo así a una esclavitud profesional con bajos salarios y sin prestaciones a los ocupados. Fueron conquistas de los obreros la jornada de ocho horas y el derecho a la organización al interior de las fábricas, conquistas que la presión del capital y ahora la utilización de la tecnología avanzada van sepultando.

Así lo demuestra la condición actual del trabajo en nuestro país: “El empleo en México enfrenta un rezago en materia de trabajo digno y es que, según cifras oficiales, el 55% de las personas ocupadas se encuentra en la informalidad, 60% no tiene acceso a instituciones de salud ni protección social y hasta un 86% carece de representación sindical” (El Economista, 7 de octubre de 2026). Es decir, más de la mitad de los mexicanos “que trabajan” lo hacen en la informalidad, sin protección ni seguridad social, y casi nueve de cada 10 trabajadores formales carecen de defensa legal ante el omnipotente patrón. Además de toda la irregularidad que conlleva el trabajo informal (precariedad e incertidumbre en el ingreso, sin acceso a la salud, sin prestaciones laborales, etc.), tienen que padecer permanentemente el acoso policial, el chantaje y la extorsión.

Pero el 55 por ciento del que se habla es sólo el promedio, pues tenemos entidades que superan por mucho ese de por sí grave porcentaje: Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Tlaxcala, Hidalgo, Michoacán y Puebla registran tasas por arriba del 70%. Asimismo, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) señala que el 32% de la población ocupada percibe ingresos que no superan un salario mínimo general. Es decir, a cerca de 42 millones de mexicanos no les es posible adquirir la canasta básica alimentaria para su familia. “Esto quiere decir que tres de cada cinco personas en México no pueden cubrir las necesidades básicas de alimentación y otros gastos esenciales no alimentarios, como transporte y vestido, con su ingreso laboral”.

El futuro no se avisora alentador, porque las pocas plazas que se generan son en el sector servicios o bien están asociadas a servicios informales o precarios, con menor generación de valor, mientras el sector industrial y manufacturero acusa una caída permanente. Y, a decir de los especialistas en el tema, “Una economía menos industrializada suele tener menos capacidad para aumentar salarios y productividad, ya que estos factores están más vinculados a los empleos industriales”.

Para alcanzar un trabajo digno, como lo plantea la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que no es ningún ente “izquierdista”, cuando dice que: “Tener un trabajo decente o digno, es acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que las y los trabajadores expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todas las personas”. En conclusión, hace falta, como lo planteó el guía de los trabajadores del mundo, Carlos Marx, “… una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día y, con él, el orden social vigente.