La música impulsa el desarrollo humano y el bienestar emocional

La música impulsa el desarrollo humano y el bienestar emocional. FotoEspecial

Estudios recientes confirman que el arte sonoro, la música, fortalece la cognición, la salud emocional y la cohesión social a lo largo de todas las etapas de la vida


La música es un motor integral del desarrollo humano que impacta de manera positiva en el desarrollo humano, social y emocional, a través de mecanismos biológicos y psicológicos ampliamente documentados por la ciencia.

De acuerdo con investigaciones recientes, la práctica musical estimula la neuroplasticidad al activar de forma simultánea diversas regiones del cerebro, lo que favorece habilidades transferibles como el lenguaje, las matemáticas y el aprendizaje de idiomas.

La música impulsa el desarrollo humano y el bienestar emocional. FotoEspecial

Además, estudios confirman que el entrenamiento musical prolongado contribuye a la llamada “reserva cognitiva”, ayudando a preservar patrones cerebrales juveniles en adultos mayores y a mitigar el deterioro cognitivo asociado con la edad.

En el ámbito emocional, la música juega un papel clave en la regulación del estrés y la ansiedad, al reducir los niveles de cortisol y activar el sistema de recompensa del cerebro mediante la liberación de dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer y la felicidad.

Asimismo, la música facilita la identificación y expresión de emociones complejas, funcionando como una herramienta de autorregulación emocional.

Desde una perspectiva social, la música refuerza la identidad y el sentido de pertenencia, al tiempo que actúa como un lenguaje universal capaz de generar conexiones profundas entre personas de distintas culturas.

En comunidades con tradición musical, el contacto temprano con la música fomenta la integración social, la preservación de la memoria colectiva y el fortalecimiento de la cohesión comunitaria.

Rosalía Trejo León, profesora de la Licenciatura en Música del Instituto de Artes (IA) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), señaló que la influencia de la música inicia desde la infancia, cuando niñas y niños crecen rodeados de sonidos propios de su cultura y religión, lo que moldea su sensibilidad, creatividad y forma de interpretar el mundo.

Durante la adolescencia, explicó, la música se convierte en un vehículo de identidad y expresión colectiva, mientras que en la adultez amplía la visión cultural y genera vínculos emocionales con otras realidades.

En etapas avanzadas de la vida, incluso frente a enfermedades como el Alzheimer, las melodías significativas permanecen en la memoria, ayudando a activar recuerdos, movimientos y emociones.

No obstante, la especialista advirtió que algunos géneros musicales pueden tener efectos negativos cuando refuerzan estereotipos o normalizan conductas dañinas, por lo que subrayó la importancia de impulsar proyectos educativos y culturales que promuevan un acercamiento crítico y formativo al arte sonoro.

En este contexto, las instituciones educativas juegan un papel fundamental para potenciar los beneficios de la música, fortalecer el desarrollo integral de las personas y reducir influencias perjudiciales, consolidando al arte como una herramienta clave para el bienestar individual y colectivo, puntualizó Rosalía Trejo León.