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domingo, octubre 4, 2026
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Sanar el pasado mientras crías: cómo evitar repetir heridas de la infancia

La maternidad y la paternidad pueden convertirse en una oportunidad para reconocer experiencias dolorosas, heridas de la infancia y construir una relación más consciente con los hijos

Criar a un hijo no solo implica acompañarlo mientras crece; también puede convertirse en un espejo que permite a madres y padres reconocer emociones, recuerdos y patrones aprendidos durante su propia infancia, es decir un oportunidad para reconocer esa heridas de la infancia guadradan en el diván.

En ocasiones, una conducta, un berrinche, un llanto o incluso la manera en que un hijo establece sus propios límites puede provocar una reacción emocional mucho más intensa de lo esperado. Esto puede ocurrir cuando la situación conecta con experiencias dolorosas que permanecen pendientes de procesar.

Otro aspecto que puede aparecer durante la crianza son los patrones aprendidos. Sin darse cuenta, algunas personas pueden repetir frases, castigos, formas de comunicarse o actitudes que experimentaron con sus propios padres, incluso cuando habían decidido no reproducirlas.

Reconocer estos patrones no significa culparse por cada reacción, sino comenzar a identificar de dónde provienen las emociones y distinguir entre lo que está ocurriendo en el presente y aquello que pertenece a la propia historia.

Uno de los primeros pasos consiste en reconocer y nombrar la herida. Identificar qué situaciones con los hijos generan enojo, tristeza, miedo o frustración puede ayudar a encontrar la relación entre esas emociones y experiencias de la infancia.

También es importante validar las propias emociones. Sentir tristeza, enojo o vacío por situaciones vividas durante los primeros años de vida no significa ser un mal padre o una mala madre; procesar esas emociones puede ser parte de construir nuevas formas de relacionarse.

Cuando una situación provoque una reacción intensa, hacer una pausa antes de responder puede marcar una diferencia. Respirar, tomar distancia unos momentos y preguntarse qué está ocurriendo permite evitar que una respuesta impulsiva termine reproduciendo dinámicas del pasado.

El acompañamiento profesional también puede ser una herramienta importante. La terapia y otros espacios de apoyo emocional pueden ayudar a trabajar experiencias de infancia de manera segura, especialmente cuando existen recuerdos o emociones difíciles de procesar por cuenta propia.

Sanar tampoco significa olvidar o negar lo ocurrido. Implica comprender la propia historia y trabajar para que las experiencias dolorosas del pasado no determinen la manera en que se acompaña, escucha y ama a los hijos en el presente.

Cada generación tiene la posibilidad de revisar lo aprendido y construir nuevas formas de vincularse. La crianza consciente no exige ser un padre o una madre perfecta, sino desarrollar la capacidad de reconocer los propios límites, reparar cuando sea necesario y elegir respuestas diferentes.