Charleroi se fundó en 1666, a partir de una fortaleza erigida bajo dominio del rey Carlos II de España, al que le debe su nombre
29 de agosto de 2022.- En el casco viejo se ven algunas de esas fachadas estrechas y alargadas típicamente belgas con notas de Art-nouveau. En los alrededores hay fábricas abandonadas, barriadas descuidadas con casas de ladrillo, grafitis y escombros. Se intuye que hubo tiempos mejores.
Esto es, a grandes rasgos, lo que unos ojos extraños se encuentran al llegar a orillas de Sambre para recorrer Charleroi, un municipio a 50 kilómetros al sur de Bruselas, en Valonia, con fama de ser una monstruosidad estética.
El sambenito surge de los vecinos Países Bajos y data de 2008, cuando los lectores del periódico neerlandés De Volkskrant eligieron Charleroi como «la ciudad más fea del mundo».
La broma ha ido calando y Charleroi aparece ahora en las listas de internet con las urbes menos agraciadas que se conocen, junto con Amán, Luanda, Los Ángeles, Brazaville o Ciudad de Guatemala.
«No es tanto que la ciudad sea fea, pero es aburrida. No pasa nada, no es dinámica. Cuando tienes un cierto nivel intelectual o social y quieres progresar, te vas a Bruselas», comenta Nicolas Buissart junto a unos altos hornos en desuso desde 2008.
Buissart es un multiartista «carolo» de 42 años y hace de guía para descubrir las cosas más feas de la ciudad a través de la agencia Charleroi Adventure, en cuya página web luce un provocador reclamo: «Síguenos en un safari urbano y descubre el lugar donde se suicidó la madre de Magritte».



























































