Pasarela política

No cabe duda que los debates son una herramienta que nos permite ver la capacidad y las personalidades de quienes participan en un ejercicio como este, ayer quedó más que claro en el caso de los aspirantes al Senado de la República por Hidalgo dónde hubo propuestas.
También fue evidente que hubo un acuerdo especie “todas unidas contra Carolina Viggiano”, en un ejercicio que desde luego desencantó y molestó, pues lo que la sociedad desea son propuestas no ver a mujeres insultándose y reprochándose sobre cuestiones personalísimas que se deben dirimir ante la justicia no en un debate político.
En el ejercicio al que convocó el Instituto Nacional Electoral (INE), Hidalgo, las mujeres debieron sacar la casta, debieron haber demostrado el porqué deben llegar a esos puestos de poder.
Así que empecemos por quién ejecutó el juego sucio, Adriana Flores, una joven que jaló los reflectores desde jovencita por un hecho de violencia durante un mitin, cuyo caso llegó hasta el congreso y generó tal escándalo que entonces ella, había sido no solo la víctima sino la heroína de su partido, el PRI, pues en un barrio alto, ella habría sido supuestamente golpeada por mujeres de otros partidos políticos.
Para muchos, todo ello había sido un exceso y un montaje político, al grado que varios reporteros dudábamos que el golpe que Adriana exhibía en el rostro fuera real, ahí quedó.
Verla ayer retando a Carolina Viggiano y a Damián Sosa con tanta vehemencia y cuestionando sobre mitos y verdades a medias, deja ver un doble discurso, una actitud agresiva y vengativa que nada tiene que ver con las flores que dice regalar y prometer, que seguro ningún mexicano quiere ver en el senado con una discusión de tan bajo nivel, reclamando porque no le dieron un puesto político.
Lo peor es que se haya revictimizado al usar su propio caso, un tema personal para acusar a su oponente, y aunque digan que en la guerra y el amor todo se vale, la dignidad y el respeto por uno mismo debe estar primero y eso creo que le falló a Flores.
La que fue tremendamente inteligente fue la aspirante Verde Ecologista Yarely Melo, pues, aunque al inicio arremetió contra Carolina Viggiano, cuando vio que ya había quien traía la espada desenvainada, dejó su estrategia de ataque para centrarse en las propuestas y justo ahí acuñó su célebre frase “mientras ellos se pelean, yo hablaré de propuestas”, y así lo hizo a lo largo del debate que tuvo como sede las instalaciones de Radio y Televisión de Hidalgo.
Simey Olvera, por su parte, habló de logros ajenos, logros que no son de ella, sino de los gobiernos federal y estatal, y culpó a Carolina Viggiano por los errores del “PRIAN”.
Leyó las respuestas de sus temas, fue imprecisa y “pasivo-agresiva” al lanzar varios dardos tratando de dañar a su oponente, incluso utilizando frases muy sonadas como “basurero de la historia”, habló contra el hijo de Carolina, contra el marido y contra el líder del PRI y actual diputado federal Marco Bustamante, llamándole “marquito”.
Desde su papel de “mujer poderosa”, minimizó al hombre y lo minimizó como persona, lo que constituye violencia, esa que las mujeres no quieren contra ellas, pero ahí estuvo una mujer ejerciendo a todas luces su incapacidad de tener un debate de altura.
Simey optó por el escándalo, por el golpe bajo para tratar de ganar, pero no fue así. Habría que recordarle a la autodenominada “Paloma”, que ella viene de la oposición a la que tanto critica y que era la conductora oficial de los eventos de la entonces candidata a la gubernatura Xóchitl Gálvez, de quien decía que era lo mejor que le podía pasar al estado, sin embargo, al parecer eso lo ha borrado su memoria selectiva.
Carolina Viggiano se centró en las propuestas, y de paso logró contestarle a todas, sin insultos, y dejando ver que tiene propuestas y que sabe de lo que habla, desde luego por su transitar en la vida pública y política desde hace casi 30 años.
Carolina es una mujer de temple, con conocimiento, con logros personales y desde luego públicos. Justo por eso lograba sobreponerse a los ataques de sus oponentes, tres mujeres, que no lograron su cometido, quizá llevarla a un punto de quiebre.
Quizás solo cuando le toca hablar de su hijo, es ahí donde Viggiano, toma otra actitud y postura, pero nunca se sobrepasó o extralimitó, como fue el caso en un principio de la candidata verde, o de Olvera, quien seguramente recibió la orden de mantenerse “tranquila”, pues la actitud de confrontación la tenía que asumir Adriana Flores, quien se fue con todo sin lograr descomponer a Viggiano a pesar de que se mantuvo provocadora en las dos horas de debate.
Un comentario que se dio postdebate fue que Carolina Viggiano, deberá saber escuchar que el reclamo de las dos mujeres que un día pertenecieron al PRI es válido, y que las bases que nunca han sido tomadas en cuenta quisieran un espacio de poder, pues para eso han trabajado toda su vida dentro del partido.
En fin, este debate del INE dejó ver quiénes serían dignos representantes en el Senado, y es que más allá de la diatriba, el insulto y la provocación, necesitamos verdaderos defensores de los intereses del pueblo de Hidalgo y gente que sepa cómo debatir ideas y proyectos y no cómo insultar, cómo defender el presupuesto y no cómo solo apoyarse en los triunfos de los demás o cantar las hazañas de otros y nos las propias.
De Damián Sosa Castelán, lo único que se puede decir y aplaudir es que se comportó como todo un caballero, un hombre respetuoso de la mujer en toda la extensión de la palabra. Nunca insultó y nunca respondió de mala manera a sus oponentes políticas, todas mujeres, a pesar de que pudo hacerlo, ya que hubo alusión directa a su familia.
De hecho, desde su saludo, mostró respeto por las mujeres y eso es algo para resaltar pues, aunque pudo responder al cuestionamiento y a la acusación directa, se contuvo, y eso se agradece, pues respetó a sus tres compañeras, pero sobre todo a las mujeres en general que seguimos este ejercicio del INE. ¡Bien por ello!