A la querida Gaby Warketin
Como dicta la tradición desde hace 125 años, la primera semana completa de octubre, la Real Academia Sueca de Ciencias anuncia a los galardonados con el Premio Nobel, siendo los primeros mencionados Medicina, Física y Química.
Y como también manda la tradición personal de cada semana de clases, al dejar a mi hijo en su escuela, la periodista Gabriela Warketin y su noticiero radiofónico matutino Así las Cosas W (96.9 FM), se vuelven en nuestros inseparables compañeros de trayecto.
Y entonces, de esta destacada líder de opinión, escucho los nombres de los ganadores a los Premios Nobel de Medicina y Física, así como sus aportaciones para recibir tal reconocimiento:
Premio Nobel en Medicina: «Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, por sus descubrimientos sobre canales iónicos activados por luz y la optógenética».
Premio Nobel de Física: «Francis Halzen, por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos cósmicos de alta energía»
Y con ese fino humor blanco que le caracteriza a Warketin vinieron los comentarios respecto a la complejidad e incomprensibilidad para los mortales respecto a los temas, estudios y términos lingüísticos científicos de quienes los ganaron ganaron.
Y si, coincido con Gaby en que los Premios Nobel de Medicina, Física y hasta el de Química -anunciado hoy miércoles- ponen en el centro de la conversación mundial pdescubrimientos que, generalmente, parecen escritos en otro idioma.
Mientras los científicos ganadores hablan de partículas, moléculas, células, genes o fenómenos imposibles de imaginar, para gran parte de la sociedad no científica (me atrevería a decir que más de un 90 por ciento de la humanidad) resulta complicado entender exactamente qué fue lo que descubrieron. Y no necesariamente porque no tengamos la capacidad para comprender la ciencia, sino porque estos conocimientos representan la frontera moderna, vanguardista y hasta neoliberal de lo que actualmente sabemos.
En mi opinión, esa es una de las razones por las que los trabajos reconocidos con un Premio Nobel resultan no difícil, sino dificilísimo de entender: intentan explicar cosas que no son parte (y probablemente nunca serán) de nuestra vida cotidiana.
Recurro al baúl mental de los recuerdos y me traslado a mis no tan lejanos tiempos de secundaria y preparatoria. En Física nos enseñan la costumbre de entender al mundo y sus demonios a partir de lo que podemos ver y experimentar: ¿por qué las cosas caen? ¿cómo se mueve un automóvil? o ¿qué hay que hacer para encender una lámpara?. Sin embargo, la Física que llega a los Premios Nobel suele adentrarse en fenómenos mucho más pequeños, rápidos o lejanos, donde las reglas no siempre coinciden con nuestra intuición. Conceptos relacionados con la cuántica, las partículas o las estructuras del universo que son incomprensibles sin conocimientos previos de matemáticas y física. El problema es que nuestro cerebro está preparado para interpretar la realidad cotidiana, más no para imaginar lo que sucede dentro de un átomo o en las regiones más extremas del planeta.
El tema de la Medicina no se queda atrás. Creemos que el cuerpo humano parece algo conocido porque todos vivimos dentro de él, pero en realidad lo conocemos poco o no lo conocemos nada. Mientras una célula realiza miles de procesos al mismo tiempo y una pequeña alteración en ellas puede provocar una enfermedad. Los descubrimientos que reciben los Nobel de Medicina pueden relacionarse con el funcionamiento de células, genes, el sistema inmunológico o diferentes enfermedades y temas que requieren años -y en ocasiones hasta siglos- de preparación para comprenderse en su totalidad. Además, según los que si entienden al tema, la ciencias, estudios y descubrimientos en Medicina no pueden basarse únicamente en una teoría, deben comprobarse con evidencias antes de convertirse en conocimientos confiables. Esa necesidad de precisión hace que el lenguaje utilizado por los especialistas sea -todavía- más difícil para los terrícolas.
Con todos estos análisis y retomando las reflexiones de Gaby Warketin considero que el verdadero problema no está en la complejidad de estas materias, también en la manera en que se nos explica y la educación con la que entendemos la ciencia.
Cuando una noticia anuncia que alguien ganó el Nobel por un descubrimiento extraordinario, es común encontrarse con términos técnicos que no explican realmente qué significa ese avance para la vida cotidiana. La ciencia puede ser
Entender las investigaciones y terminologías que reciben los Premios Nobel de Física, Química y Medicina es difícil porque rebasan los límites del conocimiento humano y requieren años de preparación para estudiarlos a profundidad. El reto no debería ser convertir a todos en científicos, sino conseguir que la ciencia deje de parecer un lenguaje exclusivo para especialistas, con todo esto, nos damos cuenta que los descubrimientos que cambian nuestra forma de entender el mundo terminan beneficiando -o en su defecto afectando- a toda la sociedad.
A la querida Gaby Warketin, con quien he tenido comunicación «al borde de un WhatsAppazo» esperando pronto tener el honor de estrechar su mano y platicar con ella tras «un vaso de agua bien fría y un café negro como mi alma», le mando «besos, abrazos y arrumacos»; así como mi admiración.
































































