El turismo carretero representa una de las formas más cercanas y accesibles de conocer México.
Viajar por carretera no solo permite llegar a un destino, sino también descubrir paisajes, pueblos, gastronomía y tradiciones que muchas veces quedan fuera de las rutas turísticas tradicionales.
Justo me encuentro en Tampico, Tamaulipas, en un viaje de familiarización para agentes de viajes y medios de comunicación con el Consejo Nacional de Exportadores de Servicios Turísticos (Conextur). Durante nuestro trayecto en la carretera México-Tampico sentí la Nadia de la conexión del centro del país con la región de la Huasteca y con la zona costera del Golfo de México.
Haber recorrido esta ruta fue, por sí misma, una experiencia turística. El camino atraviesa montañas, zonas boscosas, comunidades y paisajes que muestran la diversidad natural de México. El viaje deja de ser simplemente un traslado y se transforma en esa parte inmersiva de las vacaciones o como en este caso, un viaje de trabajo.
Al llegar a Tampico, uno de los grandes símbolos de esta conexión carretera es el Puente Tampico, infraestructura de última generación de la ingeniería mundial, que cruza el Río Pánuco y que se ha convertido en una referencia de la ciudad tamaulipeca. Más allá de su función para el transporte, el puente representa la puerta de entrada a una región con una fuerte identidad turística, marcada por el río, el mar, la gastronomía, la vida urbana del sur de Tamaulipas y hasta de marcianos cuidadores del municipio.
Los gobiernos federal, estatales, municipales y sus respectivas secretarías y/o direcciones de turismo deberían de impulsar el turismo carretero y con ello reconocer los retos de las vías de comunicación: la seguridad, el mantenimiento de las carreteras, las señalizaciones, los servicios para los viajeros y la existencia de sitios adecuados para descansar son factores que pueden determinar la experiencia de quien decide viajar por carretera. Una ruta turística no debe medirse únicamente por la rapidez con la que permite llegar, sino también por las posibilidades que ofrece para disfrutar el recorrido.
Por ello, la ruta México-Tampico merece ser vista como un auténtico camino turístico. Fortalecer sus atractivos, promover sus destinos intermedios y conservar en buenas condiciones sus vías aprovecharía mejor el potencial del turismo carretero.
Al final del trayecto, el Puente Tampico puede seguir cumpliendo una doble función: ser una pieza fundamental de comunicación y, al mismo tiempo, un símbolo de la llegada a una ciudad que tiene mucho que ofrecer a quienes la visitan.

































































