Muchas irregularidades presentó el otrora Estadio Azteca en su reciente reapertura con el juego México vs Portugal
Por: Luis Felipe Hernández Beltrán
La misma expectativa que millones de aficionados mexicanos teníamos para que el partido México vs Portugal en la reapertura del ex Estadio Azteca, ahora Estadio Banorte, fuera un partidazo lleno de goles y emociones, fue la misma que en 2018 tuvimos cuando el entonces Gobierno de la Ciudad de México y la iniciativa privada anunciaron el proyecto inmobiliario “Conjunto Estadio Azteca”, ad-hoc a la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Esta propuesta, hasta ese momento innovadora nunca antes vista en México y en Latinoamérica, digna de competir con los grandes desarrollos inmobiliarios de Estados Unidos y algunos países europeos y de Medio Oriente, pues incluiría hotel, centro comercial y estacionamientos quedó desechada recién entrado el año 2023, que si porque caducó, que si venció el plazo, que si los vecinos se opusieron y no permitirían la entrada de maquinarias, y largos pretextos y confusiones más.
Desde mayo de 2024, cuando el Azteca cerró sus puertas para una remodelación parcial, que incluyó el cambio de nombre por Estadio Banorte, y el anuncio de que sería reabierto para el 28 de marzo de 2026 con el juego ante Portugal, se prometieron muchas cosas y se generaron muchas expectativas, entre ellas, que vendría a jugar con el combinado lusitano el astro Cristiano Ronaldo, principal atractivo del partido, y una semana, qué siempre no.
Pero a pesar de ello, la ilusión de que el principal recinto deportivo de México estaba listo al cien por ciento a poco más de dos meses del arranque Mundial, era grande; tanto como la estrategia del Gobierno de la CDMX, principalmente en materias de vialidad y seguridad. Y ni una ni otra…
Y así, los que llegamos desde tres horas antes tuvimos que sortear algunos inconvenientes: servicio de wi-fi insuficiente, especialmente en los túneles que conducen a los asientos, y más cuando, a partir de este juego, los boletos serán electrónicos para siempre. Quienes estaban en los lugares de hasta adelante se quejaron de que carecían de visibilidad, pues los tapaban quienes ejercían alguna función en cancha.
Los que llegaron 90 minutos o menos antes del arranque tuvieron que pasar por vallas colocadas en forma de zigzag en las afueras del Estadio, lo que atrasaba la llegada y algunos aseguraron llegar casi al medio tiempo.
Y si del operativo vial hablamos, a pesar de poner transportes gratuitos, los cierres de importantes avenidas cercanas al estadio provocaron caminatas de hasta tres kilómetros; tren ligero saturado y escaso para la cantidad de gente; previa advertencia que en esta ocasión no habría estacionamiento.
Todo esto, sin dejar de mencionar de que los poseedores de palcos y plateas estuvieron a punto de que no se les respetaran los lugares que legítimamente tienen de por vida, por lo que la presión social y amenazas de demandas por incumplimiento fueron motivos para que Televisa pusiera manos a la obra y cumpliera con lo establecido.
Faltan poco más de dos meses para que inicie la Copa del Mundo. Si el Estadio Banorte llega a esta justa futbolística universal con dudas sin resolver, no solo se pone en juego la imagen del país, sino la confianza de millones, incluida la propia FIFA. Porque los grandes eventos pasan, pero las malas decisiones, y sus consecuencias, permanecen.


































































