El “ciclón bomba” deja casi 50 centímetros de nieve y transforma Nueva York en una postal invernal inolvidable
Nueva York amaneció convertida en un paisaje de fantasía luego de la histórica nevada que azotó la ciudad entre el 22 y 23 de febrero de 2026. El llamado “ciclón bomba” cubrió la Gran Manzana con cerca de 19.7 pulgadas de nieve —aproximadamente 50 centímetros— en Central Park, marcando uno de los episodios invernales más intensos de la última década.

El fenómeno se posicionó como la novena nevada más grande registrada en Central Park desde que comenzaron las mediciones en 1869, consolidándose como un evento climático extraordinario que paralizó la ciudad y regaló imágenes de asombrosa belleza.
❄️ ¡PARECE UN CUENTO DE HADAS! ASÍ AMANECIÓ CENTRAL PARK ❄️
Tras la histórica nevada de ayer, Nueva York despertó sepultada bajo un manto blanco que transformó todo el paisaje. Central Park dejó de ser un parque para convertirse en un escenario de fantasía. 🧊✨
Es increíble… pic.twitter.com/qQFYtneWzf
— Noticias Énfasis (@enfasisnoticias) February 24, 2026
Las avenidas habitualmente saturadas de tráfico quedaron en silencio. Times Square, acostumbrada al bullicio constante y a las luces vibrantes, lució cubierta por una gruesa capa blanca que amortiguó el ruido y convirtió el corazón de Manhattan en un escenario casi irreal.
El transporte público sufrió interrupciones, cientos de vuelos fueron cancelados y las escuelas cerraron sus puertas. Sin embargo, mientras las máquinas quitanieves comenzaban su labor, los neoyorquinos aprovecharon la pausa obligada para disfrutar del espectáculo natural.

Central Park se transformó en el epicentro de la alegría invernal: familias enteras salieron con trineos improvisados, niños levantaron muñecos de nieve y turistas capturaron postales únicas con árboles y senderos delineados por el blanco resplandor.
Aunque la tormenta representó un reto logístico para la ciudad —la primera gran nevada desde 2016—, también dejó una estampa inolvidable. Las imágenes difundidas el 23 y 24 de febrero muestran una Nueva York distinta: silenciosa, luminosa y cubierta por un manto que, por unas horas, detuvo el ritmo vertiginoso de la metrópoli.






























































