Sol, aire acondicionado, cloro y agua de mar pueden afectar la barrera natural de la piel incluso en verano; pequeños cambios en la rutina ayudan a mantenerla hidratada.
El verano suele relacionarse con calor, humedad y vacaciones, por eso puede parecer extraño que la piel se sienta seca, tirante o incluso empiece a descamarse justo en esta temporada.
La realidad es que el calor no garantiza una piel hidratada.
Durante el verano, factores como la exposición constante al sol, el aire acondicionado, el cloro de las albercas, el agua salada y algunos cambios en los hábitos de cuidado pueden afectar la barrera natural de la piel y favorecer la pérdida de humedad.
Jimena Gonzalez Polo, Sr. Grouper Manager de Skin Health de Kenvue para México, explica que existe la idea de que la hidratación es más necesaria durante el invierno, pero las necesidades de la piel cambian durante todo el año.
“La exposición solar, el cloro, el agua de mar y otros factores ambientales pueden comprometer la barrera de hidratación de la piel”, señala.
¿Qué reseca la piel en verano?
Aunque no siempre lo notemos, algunas de las situaciones más comunes de la temporada pueden tener un impacto directo.
El sol: la exposición prolongada puede alterar la barrera cutánea y favorecer la pérdida de agua.
El aire acondicionado: reduce la humedad del ambiente y puede provocar sensación de resequedad, especialmente si se permanece muchas horas en interiores.
El cloro: el contacto frecuente con albercas puede eliminar parte de los aceites naturales de la piel.
El agua de mar: la sal puede contribuir a la deshidratación de la superficie cutánea si no se enjuaga posteriormente.
Las duchas muy calientes: aunque resulten relajantes, pueden eliminar lípidos naturales y aumentar la sensación de tirantez.
La hidratación ya no es solo un tema de belleza
El cuidado corporal está ganando espacio dentro de las rutinas de bienestar.
De acuerdo con el estudio global A New View of Care, el 31% de las personas considera el cuidado de la piel corporal entre los tres pasos más importantes para su bienestar, muy cerca del cuidado facial, mencionado por el 33%.
La tendencia refleja un cambio interesante: cuidar la piel empieza a verse menos como una cuestión exclusivamente estética y más como parte del autocuidado cotidiano.
Y tiene sentido. La piel es el órgano más grande del cuerpo y funciona como una barrera frente a factores externos.
Cuatro hábitos sencillos para evitar la resequedad
No es necesario complicar demasiado la rutina. Algunos ajustes básicos pueden ayudar:
- Mantener una adecuada hidratación durante el día.
- Utilizar protector solar diariamente.
- Evitar duchas demasiado calientes o prolongadas.
- Aplicar crema o productos humectantes después del baño para ayudar a retener la humedad.
También es recomendable hidratar la piel después de nadar en alberca o entrar al mar.
Si la resequedad persiste, aparece comezón intensa, irritación, heridas o descamación importante, lo recomendable es acudir con un dermatólogo.
Aunque haga calor, tu piel también puede pedir más hidratación.





























































