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jueves, octubre 29, 2026
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Papel picado, el arte que da color y movimiento a nuestros altares

Colorido, frágil y en constante movimiento, el papel picado representa el aire en las ofrendas y mantiene vivo un oficio artesanal que forma parte de las celebraciones mexicanas.

 

En los altares de Día de Muertos, entre flores de cempasúchil, veladoras, fotografías y alimentos, hay un elemento que se mueve al menor soplo de viento: el papel picado.

Esta artesanía se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de las celebraciones mexicanas. Sus colores y figuras caladas acompañan las ofrendas dedicadas a quienes han muerto, pero detrás de cada pieza existe también un trabajo artesanal que requiere precisión y experiencia.

Tradicionalmente se elabora con hojas de papel de china que son trabajadas con cinceles y otras herramientas de corte para formar diseños de flores, aves, calaveras, catrinas, cruces y diferentes motivos relacionados con la festividad.

Uno de los principales referentes de esta tradición se encuentra en San Salvador Huixcolotla, Puebla, localidad reconocida por generaciones de artesanos dedicados a su elaboración. El papel picado producido en esta comunidad fue declarado Patrimonio Cultural del Estado de Puebla en 1998.

Aunque suele afirmarse que el papel picado fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2003, esa versión es incorrecta. La distinción poblana corresponde al ámbito estatal y no a una declaratoria individual de la UNESCO.

En las ofrendas, el papel picado tiene además un significado simbólico: representa el aire, uno de los elementos tradicionalmente incorporados al altar junto con el agua, la tierra y el fuego.

Sus tonalidades también han adquirido diferentes interpretaciones populares. El blanco suele relacionarse con la pureza; el morado, con el duelo y la espiritualidad; el negro, con la muerte; mientras colores como amarillo, naranja, rosa, verde, rojo y azul incorporan distintos significados dependiendo de la comunidad y la tradición familiar.

Por ello, no existe un código único de colores aplicable a todos los altares del país.

Las figuras también cuentan historias. Calaveras y catrinas recuerdan la presencia de la muerte; flores y corazones evocan la memoria y el afecto, mientras cruces y otros símbolos religiosos muestran la convivencia de distintas expresiones culturales que hoy forman parte del Día de Muertos.

Su presencia, sin embargo, no se limita a estas fechas. El papel picado también adorna fiestas patronales, celebraciones religiosas, bodas, bautizos, fiestas patrias y otras expresiones populares.

Frágil por el material con el que está elaborado, pero resistente como tradición, el papel picado continúa pasando de una generación a otra y cada Día de Muertos vuelve a ocupar su lugar entre las flores, las fotografías y los recuerdos de quienes regresan simbólicamente a casa.