Quiero empezar estas líneas, con una condena al terrible asesinato de más de 160 niñas en Irán con mísiles arrojados por la dupla asesina de Estados Unidos e Israel; considero que todas las voces de la humanidad y de las mujeres, en particular, deberían elevarse para censurar y frenar las atrocidades cometidas por el imperio estadounidense y sus aliados en contra de la niñez y de los pueblos del mundo.
No podemos celebrar el día internacional de la mujer ni con eventos, ni con marchas y manifestaciones públicas sin hacer mención de lo que está ocurriendo actualmente, donde se está privando de la vida a miles de seres humanos inocentes solamente por el ansia de poder, control y ganancia de los milmillonarios del mundo; no podemos, no debemos quedarnos callados ni fingir que no está pasando nada.
Debemos tener presentes a los grandes genocidas de la actualidad, encabezados por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y por el sionista mayor de Israel, Benjamín Netanyahu.
Uno de los dolores más terribles que puede sufrir un ser humano y en particular, las mujeres, es la muerte de su hijo; en Irán acaban de asesinar a centenares de niñas y al momento de escribir se atraviesa la noticia que ahora están bombardeando una escuela de niños. Y para confundir al mundo, a las almas nobles y buenas (que hay muchas todavía), dicen los muy nefastos que lo hacen “en nombre de Dios”.
Como seguramente muchos recuerdan, el 8 de marzo de 2022, se celebró el “Día Internacional de la Mujer” en México con una de las manifestaciones más grande en la última década, alrededor de 80 mil mujeres marcharon hacia el Zócalo para exigir al gobierno de López Obrador un alto a la violencia contra las mujeres y castigo para los feminicidas.
Han pasado ya cuatro años de esa histórica marcha y la situación no ha variado, la violencia cotidiana y los asesinatos de mujeres siguen a la orden del día. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), “Las cifras oficiales sobre violencia de género muestran que el problema persiste en México, desde 2015 más de 9 mil mujeres fueron víctimas de feminicidio”. Aunque, ciertamente, 2025 fue el año que registra el menor número de feminicidios con 725 contra 853 de 2024, pero aún así no deja de ser grave.
Además de los feminicidios, el informe del SESNSP incluye diversos delitos que afectan principalmente a mujeres, entre ellos: violencia familiar, lesiones, abuso sexual, trata de personas y homicidio doloso.
Estos delitos forman parte de los indicadores que permiten medir la violencia de género en el país a partir de las denuncias registradas por autoridades de seguridad y procuración de justicia.
El informe del SESNSP nos da cifras alarmantes: “Siete mujeres fueron asesinadas y 34 desaparecieron cada día en México durante 2025; se cometieron, en promedio, 230 delitos en contra de las mujeres cada hora. En total, se registraron 2 millones 16,476 delitos perpetrados contra ellas”.
Otra forma de violencia en general para los mexicanos es la falta de escolaridad, que hace necesariamente a nuestro pueblo mucho más vulnerable a la manipulación y a aceptar situaciones contrarias a sus propios intereses de clase: “De acuerdo con el director de INEA, las últimas cifras arrojan que alrededor de la mitad de la población mexicana se encuentra en rezago educativo.
Los números se dividen así: 3 millones 850 mil que no saben leer ni escribir, más 7 millones 300 mil con la primaria inconclusa, 15 millones 500 mil sin estudios de secundaria, y 26 millones que deben el bachillerato. Es decir, 52 millones 650 mil habitantes”. Pero a decir de la rectora General de la Universidad Panamericana y del IPADE, “En México todavía hay 99 millones de personas jóvenes no escolarizadas y, de ese universo, 56% son mujeres”(Expansión). Esta es la realidad que vivimos y que debemos cambiar.
Ya en colaboración anterior tuve la oportunidad de tratar de explicar, reseñar un poco las causas de esta realidad, pero que hoy, nuevamente, conviene recordar.
Porque, en efecto, “La vida de los pueblos explotados de la tierra nunca ha sido fácil, pero el de las mujeres conlleva un doble sufrimiento y una doble lucha… Vemos, históricamente, la producción y la reproducción de la vida, sus relaciones de producción y sus contradicciones y lucha de clases.
En este devenir se enmarca la lucha de las mujeres, desde la época en que todavía ocupaban una posición más libre y más altamente valorada, pasando por la etapa más humillante de esclavitud y de explotación, hasta llegar a la nuestra, donde, ciertamente, con variación de formas, sigue siendo la parte de la sociedad más débil, explotada y maltratada”.
A las mujeres que han sido ejemplo de lucha y adalides de la liberación femenina, debemos siempre tenerlas presente y reconocer la lucha que han sostenido desde los siglos XIX y XX, que nos han dejado un gran legado para que hoy tengamos derecho a la educación, al trabajo, a involucrarnos y participar activamente en la vida electoral y de toda la sociedad, para lograr más y mejores prestaciones; y ese ejemplo nos debe llevar a ponernos en pie para demandar una verdadera justicia social, la emancipación, erradicar la discriminación, el acoso y la violencia física.
Reitero que la responsabilidad, el liderazgo, la capacidad de hacer, de aprender, innovar, de poder gobernar con sabiduría y justicia, etc., no dependen del género, pero sin duda, en esta sociedad tan inicua y maltratadora, la cuesta es mayor para las mujeres, su camino más escarpado.
Con la desaparición de varios programas sociales en el sexenio de López Obrador, la vida de las mujeres asalariadas se ha vuelto aún más difícil, pero creo que la presidenta de la República está en posibilidades de regresarles las estancias infantiles, las escuelas de Tiempo Completo, el Programa Prospera, los espacios para mujeres violentadas, el Seguro Popular y de combatir las causas profundas de los feminicidios y la misoginia.
Si es, como dijo la presidenta de la República “el tiempo de las mujeres”, se debe asegurar la reparación del daño ocasionado en el sexenio anterior y garantizar más y mejores empleos bien remunerados, así como todos los mecanismos para garantizarles educación, salud, vivienda digna y condiciones para un buen desarrollo de sus hijos; hacer que se acorte la brecha de la desigualdad económica y que la vida de las niñas y de las mujeres deje de teñirse de rojo por tantas agresiones y violencia.
































































