Se acerca el 30 de abril. Las escuelas y espacios públicos se llenan de festivales, dulces y disfraces. Pero siendo honestos, detrás de ese día existe una realidad preocupante: a las nuevas generaciones les estamos robando lo más valioso que existe, el tiempo de ser niños. En nuestra prisa y cansancio como adultos, encontramos en la tecnología el juguete perfecto. Una pantalla los calla, los entretiene y nos da paz.
Pero ¿a qué costo? Según el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), las niñas y niños en México de entre 7 y 12 años pasan, en promedio, más de 4.5 horas al día frente a una pantalla. Peor aún, datos de organizaciones como Common Sense Media indican que la edad promedio en la que un menor recibe su primer celular con internet es de 9 años. Es como si les dejarás conducir tu carro sin enseñarles a andar en bici.
El resultado es una adultez forzada. Al dejarlos navegar sin supervisión real en plataformas donde los filtros y seguros parentales son muy débiles, su cerebro en pleno desarrollo es bombardeado por algoritmos diseñados para adultos. La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) advierte sobre cómo la «narcocultura» y la violencia extrema se han vuelto parte de la realidad de las niñas y los niños. Al mismo tiempo, consumen contenido para adultos, estándares de belleza irreales y letras de canciones que normalizan conductas para las que ni sus emociones ni su desarrollo cognitivo están preparados.
Los estamos obligando a madurar alejados de la inteligencia emocional. Creemos que porque saben usar un iPad mejor que nosotros, ya están listos para afrontar el mundo. Hoy, la diversión infantil ya no existe: las nuevas generaciones ya no salen a ensuciarse, jugar, gritar o hasta defenderse del gandalla de la calle, ahora se deprimen porque su video no tuvo suficientes likes.
No se trata de tirar los celulares a la basura; la tecnología ya es parte de nuestras vidas. Se trata de conciencia y buen actuar. Debemos asumir nuestra responsabilidad como tutores de su consumo y dejar de usar las pantallas como niñeras digitales.
Es necesario establecer momentos familiares. La mesa a la hora de comer y la cama a la hora de dormir deben ser territorios libres de pantallas, tanto para los hijos como para los padres (atendiendo al “así lo hace mi papá o mi mamá”).
Además de retrasar el momento donde los hagamos responsables de un smartphone. Un teléfono básico para emergencias es más que suficiente. De acuerdo con Marian Rojas, una psiquiatra española: el cerebro de un niño necesita aburrirse e interactuar en el mundo físico para desarrollarse.
Este Día de la Niña y el Niño, en lugar de regalarles crédito para comprar ropa virtual en el “Free”, démosle la oportunidad de interactuar, de convivir, de aprender, de cansarse, de disfrutar, porque de ahí nace la imaginación.
El mejor regalo para este 30 de abril no es el celular de última generación, es ayudarles a disfrutar de su infancia. Esa que no regresará. Protejamos su tiempo de ser niños, porque la adultez dura toda la vida, pero la infancia se nos está escapando en un scroll de 15 segundos.
-CAPG-


































































