Para la industria MICE de México y el mundo, la capital del estado de Jalisco cuenta con más de 40 recintos, entre centros de convenciones, salas de conciertos, estadios deportivos y hoteles con infraestructura para eventos masivos
Por: Luis Felipe Hernández Beltrán
Guadalajara ya demostró que puede ser una ciudad mundialista.
Pero, después de ver el movimiento que genera un Mundial, cabe hacerse una pregunta: ¿qué pasaría si Guadalajara organizara un “Mundial de Convenciones”?
La respuesta resulta atractiva: probablemente no tendría que construir una ciudad nueva. Ya cuenta con buena parte de la infraestructura necesaria y, sobre todo, con algo que no se improvisa de la noche a la mañana: experiencia para recibir grandes concentraciones de visitantes.
La capital tapatía tiene una oferta de recintos que pocas ciudades pueden presumir: Expo Guadalajara, el World Trade Center, Expo Abierta, el Estadio Guadalajara, el Estadio Jalisco, PALCCO, JAPI, Tequila Lab, el Conjunto Santander de Artes Escénicas, el Auditorio Santander y la recién inaugurada Arena Guadalajara forman parte de un ecosistema que se complementa con más de 20 hoteles preparados para recibir eventos de gran escala.
Y lo más interesante es que la apuesta no termina ahí.
Durante lo que resta de 2026 y a lo largo de 2027 se incorporarán nuevos espacios que podrían transformar el mapa de la industria de reuniones en Guadalajara. Entre ellos destaca el futuro Palacio de Convenciones, un anexo de Expo Guadalajara que permitirá que ambos recintos alcancen en conjunto alrededor de 100 mil metros cuadrados y tengan capacidad para congregar hasta 60 mil personas.
A esto se suma un proyecto que puede parecer menor frente a las grandes construcciones, pero que podría tener un impacto enorme en la experiencia del visitante: la transformación de un tramo de la Avenida Las Rosas, a la altura de Mariano Otero, en una vía semipeatonal que facilitará el desplazamiento entre Expo Guadalajara, el World Trade Center, el hotel Barceló Guadalajara y el futuro Palacio de Convenciones. Porque en la industria de reuniones no todo se trata de cuántos metros cuadrados tiene un recinto. También importa cómo llega la gente, cómo se mueve, qué encuentra alrededor y qué tan sencilla resulta su experiencia.
También está la renovación del Auditorio Benito Juárez, sede de las Fiestas de Octubre. La incorporación de nuevas tecnologías y espacios interactivos, como la Domósfera Jalisco y Vibra Jalisco Zona Fan, apunta a una tendencia que ya no puede ignorar la industria de reuniones: los asistentes quieren vivir experiencias, no solamente sentarse a escuchar conferencias.
Y aquí está, en mi opinión, la verdadera oportunidad de Guadalajara.
La ciudad no debería conformarse con ser una sede donde se celebra un congreso. Tiene condiciones para convertirse en un verdadero distrito de reuniones, capaz de albergar simultáneamente distintos eventos y conectar recintos, hoteles, restaurantes, entretenimiento, cultura y experiencias turísticas.
Recientemente, en el marco de IBTM Americas, Gustavo Staufert Buclón, director de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, planteó precisamente esa posibilidad: integrar en el mediano plazo los distintos distritos y clústeres de la ciudad para llegar a realizar hasta cinco eventos simultáneos.
Y esa idea de Staufert Buclón cambia la conversación, pues ya no se trata solamente de presumir un recinto, sino de apantallar con una ciudad completa para la industria MICE.
Y Guadalajara tiene otra ventaja: no necesita limitar la experiencia al Área Metropolitana. El resto del estado de Jalisco puede convertirse en una extensión para albergar eventos masivos: Tequila, con sus haciendas y la cultura que rodea a esta bebida emblemática; Chapala y su entorno; Mazamitla; y la región de los Altos tienen infraestructura y atractivos suficientes para complementar un congreso o incluso convertirse en sedes de eventos especializados.
Imaginemos, por ejemplo, una convención que tenga su actividad principal en Guadalajara y que termine con una experiencia en una hacienda tequilera. O un encuentro empresarial que combine reuniones con actividades en Chapala. O un congreso que aproveche la identidad, gastronomía y paisajes de los Altos de Jalisco.
De Puerto Vallarta ya hemos hablado en este espacio, pues se cuece punto y a parte.
Ahí está el verdadero “Mundial de Convenciones” que Guadalajara podría jugar.
La ciudad ya tiene los recintos. Está sumando infraestructura. Tiene conectividad, hotelería, gastronomía, cultura y una identidad propia que puede convertir un evento de trabajo en una experiencia memorable.
El desafío, por tanto, ya no parece ser demostrar que Guadalajara puede recibir grandes eventos. Eso ya quedó probado.
El reto será integrar toda esa oferta, coordinarla y venderla como un solo producto.
Porque si algo está demostrando Guadalajara es que para jugar en las grandes ligas de la industria de reuniones no basta con tener grandes estadios, hay que tener toda una ciudad preparada. Y Guadalajara, al parecer, ya está construyendo ese escenario.

































































