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Muere “Don Filo”, testigo del auge y del fin de la minería en la Comarca Minera

Fue parte de la última generación de trabajadores de la Compañía Real del Monte y Pachuca, que suspendió la extracción de oro y plata en 2005. Sus antiguos compañeros lo despidieron recordando las jornadas en las minas, los albures, las comidas y los años en que la minería todavía daba trabajo a cientos de familias.

 

Entre canciones de Pedro Infante y rodeado de quienes durante años fueron sus compañeros de trabajo, Don Filogonio, “Don Filo”, fue despedido el domingo en el cementerio de la comunidad de Tornacuxtla, en San Agustín Tlaxiaca.

Ahí estuvieron Fidel Izguerra, Tomás Zamora, Raymundo Soto, Mario Sosa, José Luis Alfaro, Ciro Vera, Cervando Teodoro Skewes y Mario Hernández, “El Chaguiri”.

Con él compartieron años de trabajo en las minas y talleres de la Compañía Real del Monte y Pachuca. Juntos conocieron una época de bonanza, pero también los recortes, la crisis y finalmente el cierre de las minas en 2005.

Son parte de la última generación de trabajadores que vivió de cerca esa historia.

Don Filo fue mecánico de mina y durante años tuvo bajo su responsabilidad, junto con su cuadrilla, el mantenimiento de las instalaciones. Conocía las máquinas, las bombas, los cables y los malacates que permitían a los trabajadores bajar en las jaulas hasta las entrañas de la tierra.

Su fotografía forma parte de una exhibición en un museo y, durante su funeral, sus compañeros hablaron una y otra vez del conocimiento que acumuló durante tantos años.

“Todo su conocimiento fue sepultado junto con su cuerpo”, lamentaron.

Ciro Vera Téllez recordó que Don Filo estaba encargado, junto con su cuadrilla, de dar mantenimiento a las minas de la compañía.

“Todo su conocimiento se lo lleva a la tumba, pero estamos contentos de estar hasta el último momento con él”, expresó.

36 años trabajando juntos

Fidel Izguerra compartió con Don Filo más de 36 años en el taller mecánico. Ingresó a esta actividad en 1968 y conoció las minas La Rica, La Purísima, Dolores y La Dificultad, además de Mina Acosta, que era más bien una especie de terrero o jal.

De aquellos años no solo recuerda el trabajo.

“Era un buen jefe y su forma de ser nos agradaba, era muy alegre, dicharachero y en nuestra jornada laboral había muchas groserías y albures, esos nunca faltaron, pues era un estilo característico de los mineros”.

Esas historias volvieron a escucharse durante el funeral. Entre recuerdos de las minas y canciones de Pedro Infante, el cuerpo de Don Filo llegó al cementerio para su último adiós.

Tomás Zamora recordó otra parte de aquellos años: la crisis que comenzó a golpear a la compañía y a las familias que dependían de ella.

“Los recortes comenzaron en los 90 y de ahí hasta llegar a 2005, cuando se cerraron definitivamente las minas. Ahora ya no dan oro ni plata, solo sirven como atractivos turísticos”, señaló.

Los albures nunca faltaron

Raymundo Soto Rosales fue minero durante 42 años y recuerda que la convivencia era parte de las jornadas.

“Nuestra vida en el trabajo transcurrió entre albures y una sana convivencia con Don Filo. A mí me tocó estar en acarreo general desde Real del Monte hasta San Juan Pachuca. Bajar a la mina ya era otra cosa”, señaló.

También recuerda el Día del Minero. Había misa y, como Don Filo era jefe de máquinas, organizaba una comida. Después seguía la convivencia y no era extraño que terminara en su casa, en San Agustín Tlaxiaca.

“Convivimos muchísimos años y la verdad es que a Don Filo se le aprecia mucho porque era buena gente, muy trabajador, honrado y humanista”, puntualizó.

Mario Sosa trabajaba en el área mecánica de la mina La Rica.

“Estuve en la fragua, pero trabajé muy de cerca con Don Filo, anduvimos juntos para reforzar las tareas del departamento de Mantenimiento. Era un gran amigo, con él conocí todos los túneles mineros”, relató.

“Don Filo era el mero mero”

José Luis Alfaro explicó por qué Don Filo era respetado entre los trabajadores.

Como jefe de mantenimiento, estaba pendiente de tareas que eran indispensables para la seguridad de quienes todos los días entraban a las minas.

“Desde el cambio de cables, mantener las bombas al cien, supervisar los malacates de las jaulas por donde bajaban los trabajadores a las entrañas de la tierra y evitar accidentes. Él llevaba la batuta, él se encargaba de todo eso”, manifestó.

Cervando Teodoro Skewes también recordó a su amigo.

“Don Filo fue un minero nato, muy inteligente, era una persona muy recta y educada y pues somos la última generación de mineros porque ya no hay minas activas, todas están cerradas”, lamentó.

Mario Hernández, “El Chaguiri”, trabajó en casi todas las minas y coincidió en que la labor de Don Filo era vital para evitar accidentes.

“Cuando había fugas, Don Filo mandaba a su gente y ahí estaba yo. Don Filo era el mero mero, fue bien a todo dar”.

“Ya había valido”

“El Chaguiri” también recuerda perfectamente cómo se enteraron de que las minas cerrarían.

“Cuando se cerraron las minas yo estaba en las bombas 525, en la mina La Dificultad, y de repente los compañeros fueron corriendo la voz que ‘ya había valido’”.

Era 2005 y, después de una larga crisis, la actividad llegaba a su fin.

Los trabajadores perdieron su empleo luego de que la empresa Real del Monte ya no quiso invertir en el mantenimiento de las bombas que extraían el agua. Sin ese equipo, las minas se inundaban y la extracción de minerales se hacía imposible.

Pero después del cierre los mineros siguieron viéndose.

Se reunían y hacían convivios, muchos de ellos en la casa de Don Filo. Habían perdido el trabajo el mismo día y los unían los años pasados dentro de las minas.

“Las vetas están ahí, quizás aún haya plata y oro, pero todo acabó el 11 de abril de 2005”, recordaron.

Don Filo dejó también un poema dedicado a la minería, en el que retrató la vida de los trabajadores de una actividad que durante siglos dio fama y riqueza a Hidalgo.

Más de 500 años de minería en la Comarca Minera

Agobiada por una crisis financiera, la Compañía Real del Monte y Pachuca cerró un lunes sus emblemáticas minas San Juan Pachuca y La Rica, explotadas durante 400 años.

En ellas se produjeron 80 millones de toneladas de oro y plata, es decir, el 6 por ciento de la plata mundial de los últimos cinco siglos.

En su momento, Hidalgo tuvo uno de los yacimientos más grandes del mundo, solo superado por Fresnillo, Zacatecas.

Con el cierre fueron despedidos los últimos 91 obreros. Entre ellos estaban varios de los hombres que este domingo volvieron a encontrarse para despedir a Don Filo.

Actualmente, la Compañía Real del Monte y Pachuca trata tierras de jal con componentes minerales en la Hacienda de Beneficio de Loreto.

Hace 20 años, la compañía también exploraba un proyecto para extraer el agua acumulada en las minas y utilizarla para abastecer a Pachuca ante los problemas de desabasto.

Las minas que durante siglos dieron oro y plata hoy forman parte de los atractivos turísticos de la Comarca Minera, junto con una tradición cultural, gastronómica y arquitectónica ligada directamente a esa actividad.

Para quienes trabajaron ahí, sin embargo, esos lugares tienen otro significado.

Ahí pasaron buena parte de su vida.

Ahí trabajaron Don Filo y sus compañeros.

Y este domingo, quienes todavía pueden contar cómo era bajar a una mina, trabajar entre máquinas, bombas y malacates, convivir entre albures y después enfrentar el cierre de 2005, se reunieron una vez más.

Esta vez fue para despedir a uno de los suyos.