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miércoles, mayo 27, 2026
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El Mundial 2026: Una oportunidad para salvar vidas

Estamos a escasos días de que inicie el mundial, la Copa del Mundo 2026. En todos lados ya se vive, se respira y se espera este gran evento global a tal grado de fanatismo, que “nos vuelve locos”

No es para menos, de acuerdo con proyecciones de la propia FIFA, se estima que más de cinco mil millones de personas verán el mundial en todo el mundo. Y más de 5 millones de aficionados asistirán a los estadios de México, Estados Unidos y Canadá: ¡Nadie se lo quiere perder!

El mundo entero estará lleno de emoción y adrenalina pura. Pero aquí es donde debemos hacer una pausa y mirar nuestra propia cancha.  El Mundial representa una gran oportunidad para contagiar a las juventudes de esas ganas de activarse físicamente, de prepararse y de practicar algún deporte.

En México, nuestros jóvenes están buscando sus propias dosis de dopamina en lugares muy oscuros y hasta ilegales.

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC) y el Observatorio Mexicano de Salud Mental, la edad promedio de inicio en el consumo de drogas ilegales en nuestro país es de  13 años. Peor aún, hay niños de quinto de primaria que ya están consumiendo alcohol y tabaco.

Lo que consumen los hace ver “cool” y como “parte de la manada”. Les ofrece un escape ante los problemas en su casa, en su escuela y ante los cambios que están viviendo en la adolescencia. Sin saber, las consecuencias que sus actos traerán.

Por ello, no necesitamos esperar a que haya un presupuesto gubernamental millonario ni canchas de primer mundo en nuestra colonia para actuar. La propuesta es aprovechar esta inercia mundialista con lo que tenemos a la mano.

El deporte no es solo un pasatiempo, sino el ansiolítico natural más poderoso que existe y un ancla brutal de salud mental. Porque te enseña a lidiar con la frustración de perder, a respetar reglas, te exige disciplina y con ello, mejorar tu salud y tu cuerpo.

Pero además del ejercicio, necesitamos acompañamiento. En el futbol encontraremos el pretexto perfecto para sentarnos con ellos y gritar de felicidad o de tristeza. Será un momento para conectar, para reforzar el vínculo y preguntarles a esas nuevas generaciones a quiénes admira, por qué, cómo se sienten, qué les frustra. Es decir, estar presentes.

Y una vez que termine la emoción digital, alarguémosla a la vida real. No se necesita tenis caros; el mejor recuerdo solo necesita dos piedras como portería, una botella como balón y un tiempo para disfrutar. Esa es la mejor barrera contra las adicciones.

Alejemos a nuestras nuevas generaciones de las salidas fáciles. No permitamos que lo exprés y cansado de la rutina diaria les genere un vacío emocional. Aprovechemos la inercia del Mundial: un evento que puede salvar vidas.