Los vestigios son muy importantes y se han localizado en un área donde se realizan trabajos para una planta de tratamiento de aguas residuales en los alrededores de la Zona Arqueológica de Tula de Allende
Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), confirmaron el descubrimiento de una estructura de élite y dos lápidas toltecas grabadas una con la imagen del dios Tlahuizcalpantecuhtli, advocación de Quetzalcóatl, y otra con la representación de un felino.
Hace dos días (el lunes), se hizo la revelación a través de las redes sociales del INAH donde se detalla que, entre el hallazgo hecho en la periferia de la zona arqueológica de Tula de Allende, hay seis entierros de infantes de 2 y 4 años.
También se encontraron cuentas de concha y hueso, vasijas y platos de cerámica, figurillas prehispánicas, herramientas líticas y malacates para hilar que forman parte de una gran herencia cultural tolteca y cuyo fechado data de los años 1100 y 1521 d.C.

A todo ello se suman restos de un vaso decorado con una serpiente emplumada y uno de los hallazgos más relevantes fue un punzón de cobre que pudo haber sido utilizado en rituales de sacrificio.
Para los arqueólogos, este hallazgo aporta nuevas pistas sobre la organización política, religiosa y social de los toltecas y no se duda que todo sea parte de un palacio tolteca pues los elementos arquitectónicos que se están encontrando así lo indican.

Ahora los arqueólogos están redefiniendo muros e identificando pisos.
Fue durante la construcción de una planta de tratamiento de agua, donde los arqueólogos del INAH descubrieron una estructura y dos lápidas con relieves que pudieron ser desprendidas antiguamente de la Pirámide B, donde se encuentran los atlantes o guerreros toltecas.
Especialistas también han considerado que las piezas fueron retiradas del templo principal y reutilizadas por grupos asentados en la periferia para reforzar su identidad como herederos de la tradición tolteca.
La estructura fue localizada por los especialistas en el mes de mayo y tras la limpieza y rescate, fueron quedando más estructuras y objetos a la vista, el hallazgo finalmente fue revelado a principios de esta semana.
“En una época en la que el área nuclear de Tula, quizá ya no era tan sagrada, las personas de la periferia vinieron al palacio y tomaron los símbolos necesarios para poder decirse y sentirse toltecas”, detalló a través de un comunicado el arqueólogo Luis Gamboa.
Explicó que la lápida del felino completa un rompecabezas añejo, pues cuando el arqueólogo Jorge R. Acosta (1904-1975) exploró la Pirámide B o Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, a mediados del siglo XX, consignó un decorado de coyotes y felinos que avanzan de derecha a izquierda, en el flanco este del monumento, pero al oeste no encontró ninguno.
El área donde se realizó el salvamento arqueológico está a casi 100 metros de la barda perimetral de la zona arqueológica de Tula.
En cuanto a las lápidas de Tlahuizcalpantecuhtli –de 78 cm de largo por 53 de ancho– y del felino –de 53 cm de largo por 42 de ancho–, el INAH informó que se encuentran en proceso de limpieza con materiales compatibles para preservar sus estucos y su policromía.
Mientras que las estructuras arquitectónicas serán protegidas con geotextil y cubiertas con tierra para garantizar su preservación.
“El INAH ha acordado con la Comisión Estatal del Agua y Alcantarillado de Hidalgo que el área con vestigios sea reservada para construcciones de bajo impacto, las cuales no impliquen grandes pesos para las estructuras toltecas”, expuso.
El arqueólogo Carlos Arriaga, dijo que el hallazgo deja claro que la poligonal de la zona arqueológica de Tula, es apenas un porcentaje minúsculo de lo que fue la ciudad prehispánica.
Por ello, pugnó porque sociedad y gobierno sumen esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento.



































































