Desde este espacio, va un recuerdo a Don Mauro Jiménez Lazcano, destacado periodista, quien fuera director general de Información y Relaciones Públicas en la Presidencia de la República, de 1970 a 1976, durante el sexenido de Luis Echeverría Álvarez
Por: Luis Felipe Hernández Beltrán
Octubre de 2024… Es la conmemoración del Día Nacional de China en la embajada en México de este país del medio oriente.
El destino me lleva a una aislada periquera al fondo de donde se realizaría el evento principal. El resto de los casi mil invitados que acudieron a este evento se disputaban las mesas y sillas principales al frente del escenario en el que el entonces embajador Zhang Run daría el discurso diplomático -ad-hoc a la ocasión- y otras demostraciones culturales como danzas y rituales de la milenaria cultura china.
De repente, sin esperarlo, encontrándome yo de espaldas, siento que alguien palmea mi hombro. “¡Amigo Luis Felipe!, ¿me puedo quedar aquí contigo?”, de inmediato volteo y miro a aquel hombre de casi 1.90 metros de altura, delgado, luciendo un impecable traje gris oxford y corbata roja, quien se tiene que agachar para darme un fuerte abrazo ante mis 1.65 metros de estatura… Era el gran Mauro Jiménez Lazcano.
“¡Don Mauro, qué alegría verlo!”, le respondo tras el abrazo… “¿no quiere que mejor le busquemos una silla?, se ve que este evento va pa’ largo y no se me vaya a cansar”, continúo diciéndole.
“Ay Luis Felipe. Imagínate, la mayor parte de mi vida he estado de pié. Con Don Luis eran eventos interminables en los que no nada más era estar parado, ni mobilidad había. Ya estoy acostumbrado, no te preocupes”, me contestó.
Y si, el haber mencionado a Don Luis, fue un momento ideal para que surgiera una plática de casi tres horas llenas de anécdotas de quien fuera director general de Información y Relaciones Públicas de la Presidencia de la República, de 1970 a 1976, con el polémico expresidente de México.
Personajes tan controvertidos como Don Luis, como Fidel Castro, Richard Nixon y Mao Tse Tung, y uno no tan cuestionable como Gerald Ford; así como el Papa Paulo VI, los magnates David Rockefeller y Manuel Espinosa Yglesias; y hasta artistas de la talla de Liz Taylor, Antonio Espino “Clavillazo”, Mario Moreno “Cantinflas”, Lola Beltrán y Pedro Vargas; pasando por el muralista David Alfaro Siqueiros, fueron mención en aquella charla.
Ni que decir de la admiración que le profesó, además de Don Luis, a Alfonso García Robles, representante de México ante la ONU en el sexenio echeverriísta y Premio Nobel de la Paz en 1982. “Era un tipo muy inteligente. La política exterior de México le debe mucho. No entiendo por qué no se le ha hecho un homenaje”, me lo dijo en tono de reclamo.
“¿Y de viajes, don Mauro, a dónde viajó usted con Don Luis?”, lo interogué.
“Viajamos mucho a Asia y a África. La verdad, es que hubo un momento en que perdí la cuenta. Sobretodo a países que poco o nada se sabía en México de ellos. Don Luis era un hombre muy culto que sabía de estos países, le gustaba documentarse de lo que pasaba fuera de México, y logró establecer relaciones con casi todo el mundo y que muchos inversionistas de esos países vinieran a México a realizar sus negocios. Fue toda una época”, me compartió.
En esa plática Don Mauro me habló de la ahora desaparecida ex Yugoslavia, de Tanzania, de la desaparecida Alemania del Este (entonces separada de Alemania Federal por el Muro de Berlín), de la que recuerdo, me dijo que todavía se sentía el dolor y muchos vestigios de la Segunda Guerra Mundial. Así como ser parte de la comitiva que recibió al entonces presidente de Gabón, Omar Bongo.
Entre otros temas, le pregunté sobre Cancún, que ese mismo año (2024) había celebrado su cincuentenario como destino turístico de México reconocido.
“Recuerdo haber visitado Cancún cuando había escasas construcciones de casas, no existían ninguno de los hoteles que hay ahora y estaba lleno de vegetación. Don Luis se quedó sorprendido de aquel lugar que le mostraron algunos inversionistas y yo no daba crédito de ese azul turqueza del mar, ni de la laguna, ni de los manglares que ahí había. Creo que fue un logro el haber puesto los ojos en Cancún, apoyamos mucho y ve lo que es ahora”, me dijo.
En esa plática de hasta tres horas, y dicho con todo respeto, poco importó el discurso del Embajador Zhang Run, ni la breve intervención del ex embajador Qiu Xiaoqi (amigo de Don Mauro) -que estaba como invitado especial en calidad de Representante del Gobierno de China para Asuntos Latinoamericanos-, ni las muestras artísticas, ni la comida; que recuerdo, mutuamente nos apoyamos apartando la mesa, mientras cada quien se iba a servir. La plática era de las más interesantes de las que, en ese entonces, mis 18 años de trayectoria había tenido.
Y si, China ocupaba un lugar muy especial en el corazón de Don Mauro. Fue en el año de 1972 cuando se da la relación diplomática entre México y China. Razón por la cual, junto con los descendientes del expresidente Echeverría -especialmente su hijo Benito-, era un asiduo invitado de honor a los eventos de la Embajada de ese país en México.
Al respecto, sin tener las palabras precisas, Don Mauro me comentó que China estaba agradecido con México pues fue uno de los países que aprobó el que la República Popular China sea el único representante legítimo de ese país ante la ONU. “Me encanta China, yo podría vivir ahí”.
En aquella ocasión, Don Mauro fue abordado por muchas personas, chinas y mexicanas, quienes lo saludaban y reconocían, y a pesar de que yo en un par de veces le dije que me retiraría para dejarlo platicar con las otras personas. Recuerdo con exactitud sus palabras: “No te vayas, Luis Felipe. Sigamos platicando”.
Pero llegó el momento de despedirse. Don Mauro me dijo que me daba un ‘aventón’ a alguna estación del metro cerca de mi casa. Le habló a su chofer y la plática se prolongó, por lo menos, unos 45 minutos más.
“Luis, tengo planeado escribir un libro y tocar detalles de todo lo que hemos platicado. ¿Cómo te gustaría que se llamara?” Y de ahí vinieron ideas: “Mis andanzas con Don Luis”, “Al lado de Don Luis”… “¡si, creo que me gusta más ese nombre! Te avisaré cuando lo tenga terminado. Y repitió en tono de broma: “Don Luis me aconsejó ponerle a mi libro al lado de Don Luis” y remarcó. “Desde que te conocí cuando trabajabas con Wendy Coss en la revista Protocolo recordé tu nombre, porque te llamas Luis como mi jefe”.
Pero antes de bajar, tiempo medido para una pregunta obligada: “Don Mauro, usted mejor que nadie sabe la verdad de 1968 y del Halconazo, ¡regáleme la exclusiva de ello!”
-“Te prometo que pronto te invitaré a mi casa y platicaremos con buen vino que ahí tengo”, contestó…
El pasado 9 de septiembre de 2026, me enteré del fallecimiento de Don Mauro. Con su deceso se fueron muchas verdades históricas y una parte de aquel México setentero, de aquel México de contrastes marcado por la transición entre un crecimiento diplomático, económico y hasta turístico; pero de grandes crisis sociales y estudiantiles…
Y así fue mi anécdota, “Al lado de Don Mauro”, quien caminó por más de 55 años “Al lado de Don Luis”.
Descanse en paz ese gran hombre periodista, economista, filántropo, rotario e historiador… Don Mauro Jiménez Lazcano (1942-2026).
































































