Ante las constantes noticias de políticos que les han sido revocadas sus visas para ingresar a Estados Unidos surge la duda: ¿cuántos ciudadanos «comúnes» están en la misma situación y no lo saben?
Las recientes cancelaciones de visas estadounidenses a políticos mexicanos han abierto una pregunta que va más allá de los nombres que han aparecido en los medios: ¿cuántos mexicanos podrían tener su visa revocada y todavía no lo saben?
El gobierno de Estados Unidos ha dejado claro que las decisiones relacionadas con las visas pueden estar vinculadas con temas de seguridad nacional y que los expedientes de migración son confidenciales. En los últimos meses, se ha convertido en escándalo el que algunos políticos de Morena han sido señalados en reportes sobre cancelaciones o restricciones de visas.
El problema es que una visa estadounidense no tiene una advertencia visible cuando deja de ser válida. Que el documento tenga impresa una fecha de vencimiento tampoco garantiza que su titular conserve el derecho de utilizarla. Al momento de solicitarla hay una cláusula que advierte que existen circunstancias que pueden cancelar o dejar sin efecto una visa.
Ahí aparece una inquietud para cualquier ciudadano mexicano: ¿podría una persona abordar un avión pensando que todo está en orden y descubrir hasta el momento de viajar que su visa ya fue revocada?
No significa que exista una campaña generalizada contra mexicanos ni que todas las personas deban asumir que su visa está en riesgo. Tampoco hay evidencia pública para afirmar que Estados Unidos esté cancelando visas a diestra y siniestra. Pero la falta de información pública sobre casos individuales sí alerta.
Y aquí está el verdadero asunto: cuando una medida migratoria se aplica de manera confidencial, el ciudadano puede quedar en una posición vulnerable. Puede tener una visa vigente, haberla utilizado durante años y, sin embargo, pueden encontrarse con que las autoridades estadounidenses ya modificaron su situación.
Los políticos como Andy y la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, que han hecho pública la revocación de sus visas tienen, al menos, la posibilidad de enterarse y responder políticamente. El ciudadano común quizá ni siquiera tenga esa certeza hasta que intente ingresar a Estados Unidos.
Por eso, más que convertir estas cancelaciones en un nuevo capítulo de la guerra política entre México y Estados Unidos, sería deseable que hubiera claridad sobre los procedimientos. La seguridad nacional puede justificar decisiones confidenciales, pero la incertidumbre permanente no debería convertirse en la norma.
Entonces, la pregunta es sencilla pero incómoda: ¿cuántos mexicanos tienen hoy una visa estadounidense parece vigente, pero que en realidad ya no lo está?
Mientras no exista información oficial que permita dimensionar ese fenómeno, cualquier cifra sería especulación. Pero precisamente por eso conviene formular la pregunta: porque lo que comenzó con políticos polémicos podría terminar revelando un problema mucho más amplio de certeza jurídica y transparencia para los turistas mexicanos.

































































