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martes, mayo 12, 2026
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Jorge Reyes y el costo de gobernar para las redes

En política, la percepción lo es todo. Y en la era digital, muchos actores públicos han confundido posicionamiento con popularidad, interacción con aprobación y likes con legitimidad. Ahí parece estar atrapado el alcalde de Pachuca, Jorge Alberto Reyes Hernández

Por: Larissa Osorio

La reciente filtración de un audio donde presuntamente condiciona la permanencia laboral de trabajadores del ayuntamiento a cambio de interacción en redes sociales no solo encendió la polémica; exhibió una visión equivocada de la comunicación política. Porque una cosa es construir imagen pública y otra muy distinta intentar imponerla a golpe de presión interna.

Sí, logró que se hablara de él. Pero no necesariamente por las razones correctas.

Las últimas semanas han colocado al alcalde en el centro de una cadena de crisis que, lejos de apagarse, parecen acumularse. Primero, la difusión de información falsa que lo presumía como “el mejor alcalde de Hidalgo” en supuestas mediciones de Mitofsky, dato que terminó desmentido. Después, la controversia por la colocación de luminarias en las inmediaciones de Casa Rule, edificio histórico y patrimonio cultural, donde el edil optó por deslindarse y responsabilizar a la Secretaría de Infraestructura estatal.

El problema no fue únicamente la obra. Fue el mensaje. Porque cuando un presidente municipal asegura no tener conocimiento de lo que ocurre en el edificio desde donde gobierna, deja abiertas dos interpretaciones igual de delicadas: falta de comunicación con su equipo o intención de evadir el costo político.

Y entonces llegó el audio.

La grabación terminó por alimentar una narrativa que ya comenzaba a crecer en la opinión pública: un gobierno más preocupado por controlar la conversación digital que por resolver los problemas de la ciudad. Porque mientras las redes se llenan de publicaciones institucionales y estrategias de posicionamiento, en las calles persisten reclamos por servicios deficientes, recolección de basura irregular y obras que no terminan de convencer a la ciudadanía.

La política actual exige presencia digital, sí. Pero también autenticidad. Hoy la gente distingue con facilidad cuándo un gobernante comunica resultados y cuándo únicamente intenta fabricar percepción.

El desgaste en la imagen pública de Jorge Reyes no proviene de un solo escándalo, sino de la suma de señales contradictorias. Y en comunicación política, las crisis no destruyen por sí solas: destruye más la manera en que se responden.

Si el alcalde aspira a construir un proyecto político más allá de Pachuca —ya sea rumbo a una diputación local o federal— tendría que replantear con urgencia su estrategia de comunicación y, sobre todo, su relación con la ciudadanía. Porque el algoritmo puede inflar una publicación durante unas horas, pero la percepción pública termina definiéndose en la calle.

Y ahí, hoy por hoy, la conversación no le favorece.