El Sistema de Transporte Metropolitano de Hidalgo volvió a colocarse bajo el escrutinio público. En esta ocasión, la controversia no giró en torno a la operación del servicio, sino a la narrativa institucional que acompañó la incorporación de las unidades recientemente arrendadas.
La secretaria de Movilidad y Transporte, Lyzbeth Robles, admitió que la respuesta oficial llegó tarde y que el intento por contener la polémica se limitó, inicialmente, al ámbito de las redes sociales.
Para entonces, la percepción pública ya había instalado la versión de que las unidades presentadas como nuevas correspondían, en realidad, a vehículos de segunda mano.
Frente al creciente cuestionamiento, la dependencia optó por abrir las instalaciones del patio de resguardo ubicado en Téllez.
Durante el recorrido, los medios de comunicación constataron que las unidades retiradas del servicio permanecen inmovilizadas y que los autobuses incorporados al sistema son nuevos, con excepción de las unidades destinadas al traslado de personas con discapacidad.
El ejercicio permitió disipar las dudas; sin embargo, dejó al descubierto una debilidad que trasciende el episodio: la comunicación de la Secretaría de Movilidad continúa reaccionando a las crisis, en lugar de anticiparlas.
Superada esa discusión, la atención vuelve a concentrarse en el aspecto verdaderamente relevante: la calidad del servicio.
Los usuarios demandan mayor frecuencia de paso, rutas mejor articuladas, estaciones limpias, sanitarios en condiciones adecuadas y un sistema que responda con eficiencia a la movilidad diaria de miles de personas.
En los próximos días se incorporarán nuevas unidades para fortalecer las rutas alimentadoras.
Esa medida deberá reflejarse en una operación más ágil y en mejores tiempos de traslado; de lo contrario, el esfuerzo quedará reducido a una mejora en la apariencia del sistema, sin un impacto perceptible para quienes lo utilizan cotidianamente.
La experiencia deja una enseñanza clara: una estrategia de comunicación deficiente puede opacar cualquier avance operativo gubernamental.
Recuperar la confianza ciudadana exigirá resultados sostenidos, información oportuna y una política de comunicación capaz de generar certidumbre.
Paralelamente permanece otro desafío de mayor dimensión: la movilidad en la zona metropolitana de Pachuca.
Mientras no existan soluciones integrales para reducir la congestión vial y optimizar los desplazamientos, cualquier mejora en el transporte público resultará insuficiente frente a una demanda que crece de manera constante.
En otros temas ya es viernes y vamos con lo bueno, lo mano y lo feo.
-Lo bueno
La intensidad de las lluvias disminuyó en los últimos días, lo que permitió restablecer parcialmente la comunicación en municipios de la Sierra, la Huasteca y la región Tepehua, afectados durante semanas por deslaves, derrumbes y el incremento en los niveles de ríos y arroyos.
-Lo malo
La abundante precipitación comienza a generar otra preocupación: el campo. En diversas zonas agrícolas existe incertidumbre por las afectaciones que el exceso de humedad podría ocasionar a los cultivos, con las consecuentes repercusiones económicas para los productores.
-Lo feo
La capital hidalguense atraviesa uno de sus momentos más complejos en materia de infraestructura urbana.
Los baches dejaron de ser incidentes aislados para convertirse en una constante en calles y avenidas. A ello se suman encharcamientos que permanecen durante varios días, problemas recurrentes en el manejo de residuos sólidos y una evidente falta de mantenimiento en distintos puntos de la ciudad.
La administración municipal enfrenta un desgaste cada vez más visible. La ciudadanía ya no cuestiona únicamente la falta de recursos, sino la capacidad de gestión para atender problemas que forman parte de la vida cotidiana.
Resulta difícil sostener el calificativo de “Bella Airosa” cuando la imagen urbana refleja abandono y la respuesta institucional no avanza al mismo ritmo que las demandas de la población.

































































