Podemos esperar cinco minutos parados frente a un elevador con tal de no subir dos pisos por las escaleras, pero nos quejamos de que «no nos da la cabeza» en el trabajo.
Por Bryan R.
Basta con observar cualquier estacionamiento de un centro comercial: familias dando vueltas completas quemando gasolina y tiempo, solo para pelear por el lugar que está a tres metros de la puerta principal para no caminar. Y, paradójicamente, nos quejamos de que vivimos más cansados, distraídos y menos productivos.
Durante mucho tiempo hemos creído que el ejercicio es un tema meramente estético, una obligación para entrar en un pantalón o presumir en vacaciones. Sin embargo, la realidad es mucho más profunda.
De acuerdo con los estudios de la Asociación de Internet MX, los mexicanos pasamos en promedio más de 8 horas al día conectados a una pantalla. En contraste, los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) del INEGI nos muestran que casi el 60% de los adultos en México son sedentarios. Es decir, no logran sumar ni siquiera los 150 minutos a la semana de actividad física que recomienda la Organización Mundial de la Salud.
El problema es que esta comodidad nos está pasando una factura mental muy alta. Constantemente decimos que no nos podemos concentrar y para solucionarlo, compramos agendas, tomamos litros de café o descargamos aplicaciones para organizar el tiempo, cuando la solución más efectiva, gratuita y comprobada es simplemente: ¡Hacer ejercicio!
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido clara: el ejercicio físico regular es uno de los motores principales para el desarrollo neuronal, la memoria y la retención de información. Cuando nos movemos, la sangre fluye, el cerebro se oxigena y nuestra capacidad de atención se dispara. Un cuerpo sedentario genera una mente lenta; un cuerpo activo promueve la concentración.
No necesitamos inscribirnos al gimnasio más caro ni correr un maratón para recuperar nuestra atención y productividad. La solución está en replantear nuestras decisiones de todos los días y buscar un balance real:
Si el celular nos dice que pasamos 3 horas diarias en redes sociales viendo la vida de los demás, ¿no podemos robarle 30 minutos a esa pantalla para salir a caminar por nuestra propia colonia?
Dejemos de usar el elevador; estacionemos el coche un poco más lejos; caminemos a la farmacia en lugar de pedir que nos traigan todo a domicilio.
A veces, la mejor idea, la solución a ese problema del trabajo o la concentración que tanto nos urge, no está en el scroll de una app, sino en los pasos que nos negamos a dar.
-CAPG-

































































