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martes, junio 23, 2026
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PASIÓN MEXA: LA “VERDADERA CARA” DE SER LOCALES

Presumimos ser «la mejor afición del planeta», con una cultura única y un país lleno de bondades…

México es el único país anfitrión de 3 copas del mundo, y no es casualidad; presumimos ser «la mejor afición del planeta», con una cultura única y un país lleno de bondades para propios y extraños.

Sin embargo, la línea entre la libertad y el libertinaje que se vive en la justa es peligrosamente delgada. Hoy tenemos que decidir qué cara le vamos a mostrar a los cientos de miles de visitantes: la de la algarabía o la de la turba que confunde la pasión deportiva con la violencia.

Se está viviendo la fiesta “deportiva” más grande de la humanidad. Es un espacio único de encuentro internacional, de diversión desbordada y de un intercambio cultural que no se ve en ningún otro escenario. A lo largo de estas semanas, hemos sido testigos de lecciones únicas: nos maravillamos con la cultura asiática que, tras un partido, saca bolsas de basura para limpiar las gradas del estadio; o con la afición de las nuevas selecciones integradas, que contagian al mundo de energía pura.

¿Pero y los mexicanos? Somos mundialmente conocidos por el desborde de pasión. Ponemos el color, los sombreros, el mariachi y el ambiente. Sin embargo, hay «otra cara» que incómoda: nuestra alegría tiene la pésima costumbre de convertirse en anarquía.

Con la excusa de que «es el Mundial y todo se vale», hemos cruzado repetidamente la frontera entre convertir un festejo en un escenario lamentable . Ya circulan videos de mexicanos agarrándose a golpes entre ellos mismos en las calles; trifulcas a las afueras de los estadios; robos en masa en las zonas de festejo (los famosos Fan Fests); y un consumo de alcohol tan brutal que termina en monumentos vandalizados y esculturas destrozadas, como lo hemos visto en el Ángel de la Independencia.

La FIFA ya ha multado a la Federación Mexicana de Fútbol por conductas inapropiadas, violencia y gritos discriminatorios en las gradas en ocasiones previas a ser sede.

Y si miramos hacia adentro, no podemos olvidar tragedias recientes en nuestra propia liga (como lo ocurrido en Querétaro en 2022), donde se confirma lo que ya todos sabíamos: cuando las masas, el fanatismo extremo y el alcohol se juntan, estos eventos deportivos se vuelven focos rojos de violencia y alteraciones del orden público.

El problema es la justificación. Hemos normalizado que, bajo la playera verde, las reglas de convivencia social se suspenden. Pero esta justa futbolística no es «La Purga». Destrozar la calle o agarrarte a golpes no te hace mejor ni le va mejor a México, al contrario, pone en riesgo la integridad de las personas y deja una muy mala imagen al exterior.

Es necesario entender que tuvieron que pasar 40 años desde 1986 para volver a ser sede mundialista. No queremos ni merecemos que pasen otros 40 años bajo la sombra de una fiesta que terminó en tragedia para locales y visitantes. Mostrar una cara amable al mundo no significa dejar de divertirnos, significa evolucionar como afición.

Por ello, el cambio empieza cuando dejamos de aplaudirle al amigo «mala copa». Si alguien de nuestro grupo empieza a vandalizar, a insultar o a buscar pleito, la sanción social debe ser inmediata. No lo grabemos para TikTok riéndonos; frenemos la actitud.

Tenemos el reflector del mundo encima. Hagamos que las noticias internacionales hablen de nuestra hospitalidad, de nuestra alegría y de nuestra grandeza cultural, y no de los detenidos y los conflictos entre nosotros. Jugamos de locales; es momento de demostrar de qué estamos hechos.