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miércoles, julio 1, 2026
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México y Ecuador, triunfo arrasador de la xenofobia

Rutas y Ritos, Turismo libre, Diplomacia viva

Si, México le ganó 2 a 0 a Ecuador. Pero en el terreno de la diplomacia y la xenofobia bilateral ambos países están jugando a ver quien más lastima y humilla a quién

El fútbol despierta emociones. Los Mundiales de fútbol son el escenario ideal donde la rivalidad deportiva transforma en una celebración de identidad, sin embargo, es un hecho que cuando los conflictos políticos entre dos países que se enfrentan en el torneo acaben contaminando el ambiente global y es ahí cuando el deporte corre el riesgo de perder su esencia.

Este partido de México vs Ecuador, estuvo precedido por muchas tensiones que iban más allá de los noventa minutos. La supuesta herida diplomática tras el asalto a la Embajada de México en Ecuador, donde se encontraba resguardado el exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, continúa marcando la relación entre ambos gobiernos. Ese capítulo provocó una crisis bilateral y dejó una profunda indignación del anterior y actual Gobiernos de México, que se consideró como violación al derecho internacional.

Ese contexto explica, aunque no necesariamente justifica, que parte de la afición mexicana recibiera a la Selección Nacional de Ecuador con amenazas, llamados al linchamiento y la ya conocida manifestación afuera del hotel donde pernoctó el combinado sudamericano donde reinaron los ruidos ensordecedores: cacerolasos, claxonasos, motores de motocicletas, trompetas, gritos pagados de insultos y abucheos y demás actos de provocación antes del encuentro, situación que motivó una queja formal de la Federación Ecuatoriana de Fútbol ante la FIFA.

Sin embargo, una cosa es expresar el rechazo a las decisiones de los gobiernos y otra distinta convertir a los futbolistas de esos países en destinatarios de los descontentos.

Los jugadores ecuatorianos no participaron en las decisiones políticas de su país; llegaron a competir en una Copa del Mundo, no a representar la política exterior de su gobierno.

Contradictoriamente, esta situación evocó una de las canciones más representativas del repertorio ecuatoriano: «Ódiame», inmortalizada por el cantante de ese país Julio Jaramillo, quien fue muy querido e idolatrado, hasta la fecha, en México. Esta obra habla de resentimiento, donde el odio termina siendo una forma de mantener vivo el vínculo con el otro: «Ódiame por piedad yo te lo pido. Ódiame sin medida ni clemencia. Odio quiero más que indiferencia, porque el odio pierde menos que el olvido».

La metáfora de este himno del despecho describe perfectamente el ambiente que rodeó el encuentro: el odio político terminó reflejándose en un escenario que debía estar reservado para el deporte.

México y Ecuador seguirán teniendo diferencias mientras sus gobiernos no encuentren una vía para reconstruir la relación.

Si el fútbol aspira a ser una verdadera fiesta mundial, el respeto debe sonar siempre más fuerte que cualquier grito de odio.

Mientras tanto, a manera de sugerencia, los mexicanos pueden seguir entonando el Ódiame de Julio Jaramillo a los ecuatorianos: «Si tu me odias quedaré yo convencido, de que me amaste mi bien con insistencia, pero ten presente que de acuerdo a la experiencia tan solo se odia lo querido».